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Soy Mujer, Naci Mujer , afortunadamente tengo que utilizar cuerpo y mente a fin de mejorar lo que consigo, sea amor, amistad o castigo. Siento sobre mi espalda el peso del mundo entero y llevando esa inmensa carga elevo mis ojos al cielo. Cada mes me toca pagar a traves del dolor y malestar una deuda que desde el principio de este cuento llamada humanidad, contrajo una de nosotras y solo por curiosidad. Naci mujer y tengo, por obligacion adquirida el dulce milagro de parir y aunque se este llorando sonreir. En la historia mi papel no cuenta porque en ocaciones lo omiten y en otras piensan que con descalificarme cambiaran los hechos que fueron por derecho. Artistas como poetas, musicos y pintores me usan como su musa para inspirarse y convierten mi imagen en preciosas obras para expresar pasiones, sentimientos y emociones. El poder de la seducion que lo tengo desde que nazco a veces una maldicion resulta que no existe mujer que no haya amado mucho sin haber sido esto su causa de perdicion. Es que si soy timida de "boba" me tildan y si por alguna causa lo contrario soy "perdida" dicen unos de forma hipocrita moviendo la cabeza arqueando las cejas torciendo los labios sin pensar siquiera que toda mujer lleva dentro un angel y un demonio al que le caiga ese es el que se queda. Ahora cuando estoy en el ocaso cuando ya las canas mi larga cabellera blanquea todavia le sonrio a la vida y le digo, "Adios tu tambien eres mujer, compañera"
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Conoce Usted La Verdad Sobre El ARMAGEDON?
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May 15, 2012 9:07 pm
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¿Conoce usted la verdad sobre el ARMAGEDÓN? ARMAGEDÓN un feliz comienzo Artículos de esta serie:
Armagedón: ¿el fin catastrófico del mundo? Armagedón: un feliz comienzo Temas relacionados:
¿Qué es el Armagedón?
LA PALABRA Armagedón proviene de la expresión hebrea “Har–Magedón”, o “Montaña de Meguidó”, y se halla en Revelación (Apocalipsis) 16:16, que dice: “Los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Har–Magedón”. ¿A quiénes se reúne en Armagedón, y con qué objetivo? Dos versículos antes, en Revelación 16:14, leemos que “los reyes de toda la tierra habitada” son reunidos para “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso”. Lógicamente, tales declaraciones hacen surgir otras preguntas intrigantes, como: ¿Dónde pelean estos “reyes”? ¿Por qué combaten, y contra quién lo hacen? ¿Emplearán armas de destrucción masiva, como creen muchos? ¿Habrá sobrevivientes? Dejemos que la Biblia responda.
¿Significa la referencia a la “Montaña de Meguidó” que la batalla de Armagedón se desarrollará en una montaña determinada de Oriente Medio? No. En primer lugar, no existe tal montaña. En el emplazamiento de la antigua Meguidó solo hay un montículo que se eleva unos 20 metros sobre el nivel de la llanura adyacente; además, los alrededores no podrían contener a todos “los reyes de la tierra y a sus ejércitos” (Revelación 19:19). Ahora bien, Meguidó fue el escenario de algunas de las batallas más encarnizadas y decisivas de la historia de Oriente Medio; por eso, el nombre Armagedón se usa como símbolo de un conflicto decisivo, en el que solo hay un vencedor (véase el recuadro “Meguidó, un símbolo apropiado”).
El Armagedón no puede ser sencillamente un conflicto entre las naciones de la Tierra, pues Revelación 16:14 dice que “los reyes de toda la tierra habitada” forman un frente unido en “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso”. En su profecía inspirada, Jeremías anunció que “los muertos por Jehová” estarían dispersos “desde un extremo de la tierra hasta el mismísimo otro extremo de la tierra” (Jeremías 25:33). Por lo tanto, el Armagedón no es una guerra humana que se libre en un lugar específico de Oriente Medio, sino que es la guerra de Jehová, y abarca todo el planeta.
Observe, sin embargo, que en Revelación 16:16 se llama al Armagedón un “lugar”. En la Biblia, “lugar” puede significar condición o situación; en este caso designa la situación en la que el mundo se une para oponerse a Jehová (Revelación 12:6, 14). En el Armagedón, todas las naciones de la Tierra se alían para luchar contra “los ejércitos que est[án] en el cielo” al mando del “Rey de reyes y Señor de señores”, Jesucristo (Revelación 19:14, 16).
¿Y qué hay de la afirmación de que el Armagedón será un holocausto en el que se utilizarán armas de destrucción masiva o un choque con un cuerpo celeste? ¿Permitirá un Dios amoroso que la humanidad y su hogar, la Tierra, tengan un final tan terrible? No. Él dice con claridad que no creó la Tierra “sencillamente para nada”, sino que “la formó aun para ser habitada” (Isaías 45:18; Salmo 96:10). En el Armagedón, Jehová no acabará con nuestro planeta mediante una explosión catastrófica; al contrario: “causar[á] la ruina de los que están arruinando la tierra”. Meguidó: un símbolo apropiado La antigua Meguidó estaba situada estratégicamente, pues dominaba la sección occidental del fértil valle de Jezreel en el norte de Israel, y controlaba las rutas comerciales y militares internacionales que por allí cruzaban. Esto hizo que la ciudad fuera el escenario de batallas decisivas. El profesor Graham Davies escribe lo siguiente en su libro Cities of the Biblical World—Megiddo (Ciudades del mundo bíblico: Meguidó): “La ciudad de Meguidó [...] era de fácil acceso para los comerciantes e inmigrantes de todos lados; pero, al mismo tiempo, si tenía suficiente poder, podía controlar el acceso mediante estas rutas y dirigir así el curso del comercio y las guerras. Por eso, no sorprende que [...] fuera un premio que se disputaban las naciones, y que cuando se apoderaban de él, lo defendieran con firmeza”.
La larga historia de Meguidó empezó en el segundo milenio antes de nuestra era, cuando el faraón egipcio Tutmosis III venció allí a los gobernantes cananeos, y se extendió a lo largo de los siglos hasta el año 1918, cuando el general británico Edmund Allenby infligió a los turcos una aplastante derrota. Fue en Meguidó donde Dios facultó al juez Barac para que asestara un golpe devastador al rey cananeo Jabín (Jueces 4:12-24; 5:19, 20). En sus inmediaciones, el juez Gedeón puso en fuga a los madianitas (Jueces 7:1-22). Y allí también se dio muerte a los reyes Ocozías y Josías (2 Reyes 9:27; 23:29, 30).
De modo que es adecuado relacionar el Armagedón con este sitio, pues fue el lugar de numerosas batallas decisivas. Es un símbolo apropiado de la victoria total de Dios sobre todas las fuerzas opositoras. ¿Cuándo vendrá el Armagedón? “¿Cuándo vendrá el Armagedón?” Esta ha sido una pregunta persistente que ha causado mucha especulación a lo largo de los siglos. Un examen del libro de Revelación a la luz de otras partes de la Biblia nos ayudará a determinar cuándo ocurrirá esta crucial batalla. Revelación 16:15 vincula el Armagedón con la venida de Jesús como un ladrón. Jesús utilizó esa misma imagen al describir su venida para ejecutar la sentencia contra el presente sistema de cosas (Mateo 24:43, 44; 1 Tesalonicenses 5:2).
El cumplimiento de las profecías bíblicas demuestra que hemos estado viviendo en los últimos días de este sistema de cosas desde 1914.* La parte final de los últimos días estará señalada por un período al que Jesús llamó la “gran tribulación”. La Biblia no dice cuánto durará, pero las calamidades que sobrevendrán durante dicho período serán las peores que el mundo haya experimentado jamás. Esa gran tribulación culminará en el Armagedón (Mateo 24:21, 29).
Dado que el Armagedón es “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso”, los humanos no pueden hacer nada para aplazarla. Jehová le ha fijado un “tiempo señalado”, y “no llegará tarde” (Habacuc 2:3).
Un Dios de rectitud libra una guerra justa ¿Por qué entablaría Dios una guerra mundial? El Armagedón está estrechamente relacionado con una de las principales cualidades de Dios: la justicia. La Biblia afirma: “Jehová es amador de la justicia”. Él ha visto todas las injusticias que se han cometido a lo largo de la historia humana, lo que naturalmente provoca su legítima indignación; por eso, ha nombrado a su Hijo para que entable una guerra justa a fin de aniquilar completamente a este sistema malo.
Solo Jehová es capaz de librar una guerra verdaderamente justa y selectiva en la que, prescindiendo de dónde se hallen, se conserve con vida a las personas de corazón recto (Mateo 24:40, 41; Revelación 7:9, 10, 13, 14). Y solo él tiene el derecho de imponer su soberanía en toda la Tierra, pues esta es su creación (Revelación 4:11).
¿Qué fuerzas empleará Jehová contra sus enemigos? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que tiene a su disposición los medios para destruir por completo a las naciones malvadas (Job 38:22, 23; Sofonías. Sin embargo, los adoradores terrestres de Dios no participarán en esta guerra. La visión registrada en el capítulo 19 de Revelación indica que únicamente los ejércitos celestiales acompañarán a Jesucristo en el guerrear. Ningún siervo cristiano de Jehová en la Tierra tendrá parte en la batalla (2 Crónicas 20:15, 17). Un Dios de sabiduría avisa con mucha antelación ¿Habrá sobrevivientes? En realidad, nadie tiene por qué morir en Armagedón. El apóstol Pedro dijo: “Jehová [...] no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Y el apóstol Pablo declaró que la “voluntad [de Dios] es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
Por todo el mundo, las personas están recibiendo una advertencia y la oportunidad de sobrevivir al Armagedón
Por eso, Jehová en su sabiduría se ha asegurado de que las “buenas nuevas del reino” se proclamen por todo el mundo y en cientos de idiomas. Se está dando a la gente en todas partes la oportunidad de salvarse (Mateo 24:14; Salmo 37:34; Filipenses 2:12). Quienes respondan favorablemente a las buenas nuevas podrán sobrevivir al Armagedón y vivir para siempre en perfección en la Tierra (Ezequiel 18:23, 32; Sofonías 2:3; Romanos 10:13). ¿No es esto lo que se esperaría de un Dios que es amor? (1 Juan 4:8.)
¿Puede guerrear un Dios de amor? No obstante, muchos se preguntan cómo es posible que un Dios que es la personificación del amor mate y destruya a gran parte de la humanidad. La situación pudiera compararse a la de una casa invadida por una plaga. ¿No es cierto que el dueño de casa concienzudo debería proteger la salud y el bienestar de su familia exterminando la plaga?
De igual manera, es debido al profundo cariño que Jehová siente por los seres humanos que el Armagedón tiene que venir. El propósito de Dios es convertir la Tierra en un paraíso y conceder perfección y paz a sus habitantes, sin que “nadie [...] los haga temblar” (Miqueas 4:3, 4; Revelación 21:4). ¿Qué debe hacerse, entonces, con los que ponen en peligro la paz y seguridad del prójimo? Dios eliminará tal “plaga” —los malvados incorregibles— por el bien de los justos (2 Tesalonicenses 1:8, 9;
Gran parte de las contiendas y el derramamiento de sangre que tienen lugar en la actualidad son el resultado de la gobernación humana imperfecta y de anteponer egoístamente los intereses nacionalistas (Eclesiastés 8:9). En el afán por extender su esfera de influencia, los gobiernos humanos no le hacen ningún caso al Reino establecido de Dios. No existe indicación alguna de que vayan a ceder su soberanía a Dios y a Cristo (Salmo 2:1-9). Por ello, dichos gobiernos tienen que ser eliminados, preparando así el camino para el justo Reino de Jehová en manos de Cristo (Daniel 2:44). El Armagedón debe venir a fin de resolver de una vez por todas la cuestión sobre quién tiene el derecho de gobernar este planeta y a sus habitantes.
La intervención activa de Jehová en el Armagedón será para el beneficio de la humanidad. Al ver las condiciones cada vez peores del mundo, es obvio que solo la gobernación perfecta de Dios satisfará por completo las necesidades humanas. La verdadera paz y seguridad se dará únicamente bajo el Reino de Dios. ¿Cómo serían las condiciones mundiales si Dios optara por nunca intervenir en los asuntos del género humano? ¿Verdad que el odio, la violencia y las guerras seguirían plagando a la humanidad como lo han hecho durante siglos bajo la gobernación del hombre? La realidad es que el Armagedón es una de las mejores cosas que pudiera suceder para nuestro beneficio 2 Pedro 3:13).
La guerra que acabará con todas las guerras El Armagedón logrará lo que ninguna otra guerra ha logrado: poner fin a las guerras. ¿Quién no anhela el día en que la guerra sea algo del pasado? No obstante, el hombre no ha sido capaz de erradicarla. Sus repetidos fracasos a este respecto sencillamente comprueban la veracidad de las palabras de Jeremías: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23). En cuanto a lo que Jehová logrará, la Biblia promete: “Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego” (Salmo 46:8, 9).
Cuando las naciones usen sus armas mortíferas para pelear unas con otras y amenacen con destruir el ambiente, el Hacedor de la Tierra tomará medidas en el Armagedón bíblico . Esta guerra logrará lo que los hombres temerosos de Dios de la antigüedad solo pudieron tener la esperanza de ver: la vindicación de la gobernación legítima del Dueño de la Tierra, Jehová Dios, sobre toda su creación.
De modo que el Armagedón no es algo que deban temer las personas amantes de la justicia; antes bien, suministra una base para tener esperanza. Esta guerra limpiará la Tierra de toda corrupción y maldad, y abrirá el camino para un justo nuevo sistema de cosas bajo el Reino mesiánico de Dios (Isaías 11:4, 5). En vez de ser un fin catastrófico y espantoso, el Armagedón marcará un feliz comienzo para los justos que vivirán para siempre en una Tierra paradisíaca (Salmo 37:29). El Armagedón marcará un feliz comienzo
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En Busca De Paz Interior. ( capitulo 2 )
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Apr 23, 2012 4:30 am
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¿Cómo hallar paz interior?
En busca de paz interior “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual”
A diferencia de los animales, los seres humanos tenemos necesidades espirituales CON el alba, los pájaros despiertan y empiezan a piar; al rato, emprenden el vuelo en busca de alimento. Cuando anochece, vuelven a sus nidos, donde pían un rato más antes de dormirse. En ciertas temporadas se aparean, ponen huevos y crían a los polluelos. Y de forma semejante actúan otros animales.
Los seres humanos, en cambio, somos diferentes. Es cierto que comemos, dormimos y nos reproducimos, pero la mayoría no nos contentamos con solo eso. Queremos saber por qué estamos aquí, buscamos el sentido de la vida y deseamos tener una esperanza para el futuro. Estas necesidades mayores y la capacidad para satisfacerlas denotan una característica exclusiva del hombre: la espiritualidad.
Hecho a la imagen de Dios La Biblia explica por qué el ser humano está dotado de espiritualidad cuando dice: “Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó” (Génesis 1:27). Puesto que fuimos creados “a la imagen de Dios”, tenemos la capacidad de reflejar ciertas cualidades divinas incluso después de haber quedado manchados por el pecado y la imperfección (Romanos 5:12). Por ejemplo, somos creativos y poseemos un grado de sabiduría, cierto sentido de la justicia y la facultad de manifestar amor abnegado por el prójimo. Además, podemos reflexionar sobre el pasado y planificar el futuro Eclesiastés 3:1, 11; Miqueas 6:8; Juan 13:34.
La espiritualidad del hombre se evidencia sobre todo por el deseo innato de adorar a Dios. Por tanto, si no saciamos adecuadamente la necesidad de conocer al Creador, no podemos encontrar auténtica y duradera felicidad. “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual”, dijo Jesús (Mateo 5:3). Claro está, hay que satisfacer esta necesidad con verdades espirituales, es decir, la verdad sobre Dios, sus normas y su propósito para la humanidad. ¿Dónde podemos hallarlas? En la Biblia.
“Tu palabra es la verdad” El apóstol Pablo escribió: “Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas” (2 Timoteo 3:16). Su afirmación concuerda con la que hizo Jesús en una oración a Dios: “Tu palabra es la verdad”. En la actualidad, encontramos esa palabra en la Santa Biblia, y hacemos bien en contrastar con ella nuestras creencias y normas de conducta (Juan 17:17).
Al comparar lo que creemos con la Palabra de Dios imitamos a los cristianos de la antigua Berea, quienes se aseguraron de que las enseñanzas de Pablo armonizaran con las Escrituras. Lejos de criticarlos, Lucas los encomió por su actitud, pues “recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). En vista de las enseñanzas religiosas y morales tan contradictorias que circulan hoy día, es importante que sigamos el ejemplo de los bereanos de corazón noble.
Otra forma de identificar la verdad espiritual es ver cómo influye en la vida de la gente (Mateo 7:17). Regirse por la verdad de la Biblia debería hacernos mejores esposos y padres o esposas y madres, lo que redunda en familias más felices y en mayor satisfacción personal. “¡Felices son los que oyen la palabra de Dios y la guardan!”, exclamó Jesús.
Las palabras de Jesús nos recuerdan lo que su Padre celestial dijo a los israelitas de la antigüedad: “Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar. ¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río, y tu justicia como las olas del mar. Todo amante de la bondad y la justicia se sentiría conmovido por un afectuoso ruego como este.
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Como Hallar Paz Interior.
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Apr 22, 2012 6:54 am
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Artículos de esta serie:
En busca de paz interior
¿Cómo hallar verdadera paz interior?
ALBERT tenía un matrimonio feliz y dos hijos encantadores, pero sentía que algo le faltaba en su vida. En una época en la que hubo de luchar para encontrar empleo, se metió en política y adoptó la ideología socialista. Incluso llegó a militar activamente en el partido comunista local.
Sin embargo, no tardó en desilusionarse del comunismo. Cortó los lazos con la política y se dedicó por completo a la familia. Lograr la felicidad de los suyos se convirtió en su único objetivo. Pero así y todo, aún persistía en él la sensación de vacío; la verdadera paz interior parecía seguir esquivándolo.
La historia de Albert no es única, ni mucho menos. Millones de personas han investigado diversas ideologías, filosofías y religiones a fin de encontrarle sentido a la vida. En Occidente, el movimiento hippie de la década de 1960 supuso una rebelión contra los valores morales y sociales establecidos. Los jóvenes en particular buscaban la felicidad y el sentido de la vida utilizando drogas alucinógenas y siguiendo las filosofías de los llamados gurús y sumos sacerdotes del movimiento. No obstante, aquella forma de vida no trajo auténtica felicidad, sino que fomentó la drogadicción y la promiscuidad entre los jóvenes, lo cual aceleró el declive moral de la sociedad. ¿Le ayudará a encontrar paz interior ir en pos de riquezas, poder o educación académica? Durante siglos, muchas personas han tratado de alcanzar la felicidad mediante las riquezas, el poder o la educación académica. Pero en última instancia, estos derroteros llevan a la desilusión. “Hasta cuando uno tiene en abundancia —dijo Jesús—, su vida no resulta de las cosas que posee.” (Lucas 12:15.) Al contrario, la búsqueda a toda costa de riquezas suele producir desdicha. La Biblia advierte: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos [...] se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).
Entonces, ¿cómo se puede obtener paz interior y encontrar sentido a la vida? ¿Es cuestión de ir probando, como si disparáramos a un blanco en movimiento en la oscuridad? Afortunadamente, no. Veremos en el siguiente artículo cómo la solución estriba en satisfacer una necesidad primordial y, en realidad, exclusiva de los seres humanos.
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Los Ultimos Dias De Jesus En La Tierra.
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Mar 31, 2012 9:20 am
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Los últimos días de Jesús en la Tierra
ES EL séptimo día del mes judío de Nisán del año 33 E.C. Imagínese que usted está observando lo que sucede en la provincia romana de Judea. Jesús y sus discípulos han salido de Jericó, una ciudad de exuberante vegetación, y suben con dificultad por un camino polvoriento y serpenteante. Como ellos, muchos viajeros más van rumbo a Jerusalén con ocasión de la celebración anual de la Pascua. Sin embargo, los discípulos de Cristo están pensando en algo más que en esta agotadora caminata.
Los judíos anhelan un Mesías que los libre del yugo romano. Muchos consideran que Jesús de Nazaret es ese Salvador por tanto tiempo esperado. Durante tres años y medio se ha dedicado a hablar del Reino de Dios. Ha curado a los enfermos y ha alimentado a los hambrientos. En efecto, ha consolado a la gente. Pero a los caudillos religiosos los irrita la dura denuncia que Jesús hace de ellos, y están desesperados por darle muerte. Aun así, allá va subiendo por el reseco camino delante de sus discípulos con aire resuelto (Marcos 10:32).
Mientras el Sol se pone detrás del monte de los Olivos, Jesús y sus compañeros llegan al pueblo de Betania, donde pasarán las siguientes seis noches. Allí los reciben sus amados amigos Lázaro, María y Marta. El fresco anochecer les alivia del calor del viaje y señala el inicio del sábado 8 de Nisán (Juan 12:1, 2).
9 de Nisán
Después del sábado, hay mucho movimiento en Jerusalén. Miles de visitantes ya han llegado a la ciudad para observar la Pascua. Pero hay más bullicio del acostumbrado en esta época del año. Multitudes curiosas caminan a toda prisa por las estrechas calles que conducen a las puertas de la ciudad. Cuando logran abrirse paso por las abarrotadas puertas, ¡qué vista les espera! Muchas personas, radiantes de alegría, vienen bajando del monte de los Olivos por el camino de Betfagué (Lucas 19:37). ¿Qué significa toda esta actividad?
¡Miren! Jesús de Nazaret viene montado sobre un pollino de asna. La gente tiende sus prendas de vestir en el camino delante de él, mece palmas recién cortadas y grita con gozo: “¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová, sí, el rey de Israel!” (Juan 12:12-15).
Al acercarse la multitud a Jerusalén, Jesús mira la ciudad y se conmueve profundamente. Se pone a llorar, y lo escuchamos predecir su destrucción. Cuando, poco después, llega al templo, enseña a las muchedumbres y sana a los ciegos y los cojos que acuden a él (Mateo 21:14; Lucas 19:41-44, 47).
Estos sucesos no pasan inadvertidos para los sacerdotes principales y los escribas. ¡Cómo los irrita ver las obras maravillosas de Jesús y el júbilo de las muchedumbres! Los fariseos, incapaces de ocultar su indignación, exigen: “Maestro, reprende a tus discípulos”. “Les digo —contesta Jesús—: Si estos permanecieran callados, las piedras clamarían.” Antes de irse, Jesús observa los tratos comerciales que se efectúan en el templo (Lucas 19:39, 40; Mateo 21:15, 16; Marcos 11:11).
10 de Nisán
Jesús llega temprano al templo. Ayer, no pudo menos que indignarse al ver la flagrante comercialización de la adoración de su Padre, Jehová Dios. Con gran celo, pues, se pone a echar del templo a los que compran y venden en él. Luego vuelca las mesas de los avaros cambistas y los bancos de quienes venden palomas. “Está escrito —exclama Jesús—: ‘Mi casa será llamada casa de oración’, pero ustedes la hacen cueva de salteadores.” (Mateo 21:12, 13.)
Los sacerdotes principales, los escribas y los hombres más prominentes no soportan las acciones y la enseñanza pública de Jesús. ¡Cómo ansían darle muerte! Pero se retienen a causa de la muchedumbre, pues el pueblo está atónito ante su enseñanza y sigue “colgándose de él para oírle”. Al acercarse la noche, Jesús y sus compañeros disfrutan de la agradable caminata de regreso a Betania, donde descansarán hasta el día siguiente.
11 de Nisán
Temprano por la mañana, Jesús y sus discípulos ya están cruzando el monte de los Olivos camino a Jerusalén. Cuando llegan al templo, los sacerdotes principales y los ancianos no tardan en desafiar a Jesús. Recuerdan bien lo que hizo a los cambistas y comerciantes en el templo. Sus enemigos preguntan con malevolencia: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad?”. “Yo, también, les preguntaré una cosa —responde Jesús—. Si me la dicen, yo también les diré con qué autoridad hago estas cosas: El bautismo por Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?” Los opositores consultan entre sí en voz baja, razonando: “Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’. Sin embargo, si decimos: ‘De los hombres’, tenemos la muchedumbre a quien temer, porque todos tienen a Juan por profeta”. Perplejos, contestan débilmente: “No sabemos”. Jesús responde con calma: “Tampoco les digo yo con qué autoridad hago estas cosas” (Mateo 21:23-27).
“Una cueva de salteadores”
A JESÚS le sobraban razones para decir que aquellos comerciantes avariciosos habían transformado el templo de Dios en “una cueva de salteadores” (Mateo 21:12, 13). A fin de pagar el tributo del templo en la moneda debida, los judíos y los prosélitos procedentes de otras tierras habían de cambiar su dinero extranjero. En su libro La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Alfred Edersheim explica que los cambistas solían abrir sus puestos por todo el país el 15 de Adar, un mes antes de la Pascua. A partir del 25 de Adar, se trasladaban al recinto del templo de Jerusalén para aprovecharse de la enorme afluencia de judíos y prosélitos. Los tratantes tenían un negocio floreciente, pues cobraban una comisión por cada moneda que cambiaban. El que Jesús los llamara salteadores deja entrever que sus comisiones eran tan cuantiosas que en la práctica estaban robando a los pobres.
Algunos no podían llevar sus propios animales para sacrificio, y los que lo hacían tenían que presentarlos ante un inspector en el templo para que los examinara, pagando una cantidad. Para no arriesgarse a que se rechazara el animal tras haberlo acarreado desde lejos, muchos compraban a los comerciantes corruptos del templo uno “aprobado” levíticamente. “A más de un pobre aldeano lo desplumarían allí a conciencia”, dice un historiador.
Existen pruebas de que en un tiempo el sumo sacerdote Anás y su familia tuvieron intereses creados en relación con los comerciantes del templo. Los escritos rabínicos hablan de “los bazares de los hijos de Anás” allí establecidos. Las sumas que percibían de los cambistas y de la venta de animales en los terrenos del templo eran una de sus principales fuentes de ingresos. Un biblista comenta que el acto de Jesús de desalojar a los comerciantes “fue no sólo dirigido contra el prestigio de los sacerdotes, sino también contra sus bolsillos”. Sea como fuere, sin duda sus enemigos deseaban eliminarlo.
Los enemigos de Jesús tratan ahora de entramparlo logrando que diga algo por lo cual puedan hacer que se le arreste. “¿Es lícito —preguntan— pagar la capitación a César, o no?” “Muéstrenme la moneda de la capitación”, replica Jesús, y pregunta: “¿De quién es esta imagen e inscripción?”. “De César”, responden. Jesús los deja frustrados al decir con claridad a oídos de todos los presentes: “Por lo tanto, paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Mateo 22:15-22).
Habiendo silenciado a sus enemigos con una argumentación irrefutable, Jesús pasa a la ofensiva ante las muchedumbres y sus discípulos. Escúchele denunciar sin temor a los escribas y fariseos. “No hagan conforme a los hechos de ellos —advierte—, porque dicen y no hacen.” Pronuncia con denuedo una serie de ayes sobre ellos y los denuncia como guías ciegos e hipócritas. “Serpientes, prole de víboras —dice Jesús—, ¿cómo habrán de huir del juicio del Gehena?” (Mateo 23:1-33.)
El que Jesús haga estas duras denuncias no significa que pase por alto las cualidades positivas de otras personas. Más tarde, ve a la gente echando dinero en las alcancías del templo. ¡Qué conmovedor es observar a una viuda necesitada dar todo su medio de vida: dos monedas pequeñas de muy poco valor! Enternecido, Jesús señala que, de hecho, ella ha dado mucho más que todos los que han echado grandes contribuciones “de lo que les sobra”. En su honda compasión, Jesús concede gran valor al esfuerzo de quien hace todo lo que está a su alcance (Lucas 21:1-4).
Jesús ahora sale del templo por última vez. Algunos de sus discípulos comentan sobre la magnificencia de este, que está “adornado de piedras hermosas y cosas dedicadas”. Para la sorpresa de ellos, Jesús declara: “Vendrán los días en que no se dejará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” (Lucas 21:5, 6). Mientras salen de la atestada ciudad siguiendo a Jesús, los apóstoles se preguntan qué habrá querido decir con estas palabras.
Pues bien, un poco más tarde, Jesús y sus apóstoles se sientan y disfrutan de la paz y tranquilidad del monte de los Olivos. Mientras contemplan la magnífica vista de Jerusalén y el templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés procuran que Jesús les aclare su asombrosa predicción. “Dinos —solicitan—: ¿Cuándo serán estas cosas, y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?” (Mateo 24:3; Marcos 13:3, 4.)
En respuesta, el Gran Maestro da una profecía verdaderamente notable. Vaticina guerras a gran escala, terremotos, escaseces de alimento y plagas. Además, predice que las buenas nuevas del Reino se predicarán por toda la Tierra. “Entonces —advierte— habrá gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder.” Lucas 21:10, 11.)
Los cuatro apóstoles escuchan atentamente mientras Jesús explica otras facetas de ‘la señal de su presencia’. Recalca la necesidad de ‘mantenerse alerta’. ¿Por qué? “Porque —dice— no saben en qué día viene su Señor.” (Mateo 24:42; Marcos 13:33, 35, 37.)
Este ha sido un día inolvidable para Jesús y sus apóstoles. Es, de hecho, el último día del ministerio público de Jesús antes de su arresto, juicio y ejecución. Puesto que se hace tarde, regresan a la cercana Betania, situada al otro lado de la colina.
12 y 13 de Nisán
Jesús pasa el 12 de Nisán con tranquilidad en compañía de sus discípulos. Es consciente de que los guías religiosos ansían con desesperación darle muerte, y no desea que interfieran con la celebración de la Pascua la noche siguiente (Marcos 14:1, 2). Al día siguiente, el 13 de Nisán, la gente está ocupada haciendo los preparativos finales para la Pascua. En las primeras horas de la tarde, Jesús envía a Pedro y a Juan a poner todo en condiciones para la Pascua, que observarán en un cuarto superior de Jerusalén (Marcos 14:12-16. Poco antes del atardecer, Jesús y los otros diez apóstoles se reúnen con ellos allí para su última celebración de la Pascua.
14 de Nisán, después de la puesta del Sol
Una delicada penumbra envuelve Jerusalén al atardecer, cuando la luna llena empieza a elevarse por encima del monte de los Olivos. En un cuarto grande amueblado, Jesús y los doce están reclinados a una mesa preparada. “En gran manera he deseado comer con ustedes esta pascua antes que sufra”, dice Jesús (Lucas 22:14, 15). Después de un rato, a los apóstoles les sorprende verlo levantarse y poner a un lado sus prendas exteriores. Toma una toalla y una palangana con agua y se pone a lavarles los pies. ¡Qué lección más inolvidable de servicio humilde! (Juan 13:2-15.)
Sin embargo, Jesús sabe que uno de estos hombres, Judas Iscariote, ya ha quedado en traicionarlo a los guías religiosos. Como es comprensible, se aflige mucho. “Uno de ustedes me traicionará”, revela. Los apóstoles se contristan mucho por ello (Mateo 26:21, 22). Después de la celebración de la Pascua, Jesús dice a Judas: “Lo que haces, hazlo más pronto” (Juan 13:27).
Una vez que Judas se ha ido, Jesús instituye una cena para conmemorar su inminente muerte. Toma un pan sin levadura, ofrece una oración de gracias, lo parte y dice a los once que coman de él. “Esto significa mi cuerpo —dice— que ha de ser dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí.” Entonces toma una copa de vino tinto y, después de decir una bendición, se la pasa a ellos y les dice que beban de ella. Luego agrega: “Esto significa mi ‘sangre del pacto’, que ha de ser derramada a favor de muchos para perdón de pecados” (Lucas 22:19, 20.
Esa noche trascendental, Jesús enseña a sus apóstoles fieles muchas lecciones valiosas, entre ellas la importancia del amor fraternal (Juan 13:34, 35). Les asegura que recibirán un “ayudante”, el espíritu santo, el cual les hará recordar todas las cosas que él les ha dicho (Juan 14:26). Más tarde esa misma noche, sin duda se sienten muy animados al escuchar a Jesús orar por ellos con devoción (Juan, cap. 17). Después de entonar canciones de alabanza, salen del cuarto superior y siguen a Jesús en aquella noche fresca y ya avanzada.
Jesús y sus apóstoles cruzan el valle de Cedrón rumbo a uno de sus lugares preferidos, el jardín de Getsemaní (Juan 18:1, 2). Mientras los apóstoles esperan, Jesús se aleja un poco a fin de orar. No puede describirse con palabras la tensión emocional que siente al elevar a Dios una encarecida petición de ayuda (Lucas 22:44). Le es sumamente angustiante tan solo pensar en el oprobio que acarrearía a su amado Padre celestial si fallara.
Casi inmediatamente después de que Jesús concluye su oración, llega Judas Iscariote acompañado de una muchedumbre que lleva espadas, garrotes y antorchas. “¡Buenos días, Rabí!”, dice Judas, besándolo tiernamente. Esta es la señal para que los hombres arresten a Jesús. De pronto, Pedro empuña la espada y le corta una oreja al esclavo del sumo sacerdote. “Vuelve tu espada a su lugar —dice Jesús mientras sana la oreja del hombre—, [...] todos los que toman la espada perecerán por la espada.” (Mateo 26:47-52.)
¡Todo sucede con tanta rapidez! Se arresta y se ata a Jesús. Los apóstoles, temerosos y confundidos, abandonan a su Amo y huyen. A Jesús se le lleva ante Anás, el anterior sumo sacerdote, y luego ante Caifás, el sumo sacerdote actual, para someterlo a juicio. A primeras horas de la mañana, el Sanedrín presenta falsos cargos de blasfemia contra Jesús. Luego Caifás hace que lo lleven ante el gobernador romano Poncio Pilato. Este lo envía a Herodes Antipas, el gobernante de Galilea, quien, junto con sus guardias, se burla de él y lo envía nuevamente a Pilato. Este confirma su inocencia, pero los caudillos religiosos lo presionan para que condene a Jesús a muerte. Después de someterlo a mucho maltrato verbal y físico, llevan a Jesús al Gólgota, donde se le clava sin misericordia a un madero de tormento, en el cual sufre una muerte sumamente dolorosa (Marcos 14:50–15:39; Lucas 23:4-25).
Esta habría sido la mayor tragedia de la historia si la muerte de Jesús hubiera puesto fin permanente a su vida. Felizmente, tal no fue el caso. El 16 de Nisán de 33 E.C., sus discípulos quedaron atónitos al descubrir que se le había levantado de entre los muertos. Con el tiempo, más de quinientas personas comprobaron que estaba vivo de nuevo. Además, transcurridos cuarenta días a partir de su resurrección, un grupo de seguidores fieles lo vio ascender al cielo (Hechos 1:9-11.
La vida de Jesús y usted
¿Qué incidencia tienen en usted y, de hecho, en todos nosotros, estos sucesos? Pues bien, el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús ensalzan a Jehová Dios y son fundamentales en el desenvolvimiento de su gran propósito (Colosenses 1:18-20). Son de vital importancia para nosotros, ya que, sobre la base del sacrificio de Jesús, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y, por consiguiente, disfrutar de una relación personal con Jehová Dios (Juan 14:6; 1 Juan 2:1, 2).
Hasta los muertos reciben beneficios. La resurrección de Jesús hace posible que se les traiga de nuevo a la vida en el prometido Paraíso terrenal de Dios (Lucas 23:39-43; 1 Corintios 15:20-22). Si usted desea saber más acerca de tales asuntos, lo invitamos a asistir a la Conmemoración de la muerte de Cristo el 5 de abril de 2012, en un Salón del Reino de los Testigos de Jehová de su localidad.
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Como Ayudar A Quien Ha Enviudado.
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Mar 20, 2012 9:08 pm
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En la cocina de su pequeño apartamento, bajo la tenue luz de una bombilla, Jeanne prepara la mesa para cenar. No tiene hambre, pero sabe que tiene que comer algo. De pronto, sus ojos se fijan en los platos que acaba de colocar. Entonces rompe a llorar. Ya han pasado dos años desde que falleció su querido esposo y, sin darse cuenta, ha vuelto a poner la mesa para dos.
PERDER A UN CÓNYUGE CÓMO AYUDAR A QUIEN HA ENVIUDADO.
SOLO quien ha pasado por ese amargo trance puede comprender lo mucho que duele. Se trata de una experiencia tan dura que la mente humana necesita un tiempo considerable para asimilarla. Así lo ilustra el caso de Beryl, una mujer de 72 años cuyo esposo murió repentinamente. “Me parecía mentira —explica ella—. Era como si en cualquier momento él fuera a aparecer por la puerta.”
El impacto que produce la muerte de la pareja es comparable, en cierto modo, a una amputación. En ocasiones, el paciente asegura sentir la extremidad amputada, aunque en realidad ya no se encuentra ahí. Igualmente, los viudos pueden creer que ven a la otra persona entre una multitud, o de cuando en cuando se sorprenden a sí mismos diciéndole algo al cónyuge que ha fallecido.
No es de extrañar, pues, que mucha gente no esté segura de cómo actuar cuando un familiar o un amigo se queda viudo. ¿Qué podemos hacer para ayudarlo? ¿Cómo podemos contribuir a que se sobreponga a la pena y, con el tiempo, vuelva a sonreírle a la vida?
Qué no hacer Con la buena intención de hacerle menos doloroso el proceso, muchos amigos y familiares tienden a fijarle un límite a la duración de su duelo. No obstante, cierto investigador que realizó un estudio entre 700 viudos y viudas llegó a la conclusión de que “no existe un plazo fijo para la duración del duelo”. Así pues, en vez de forzar a la persona a contenerse y reprimir sus sentimientos, se le debe permitir que exprese su pesar el tiempo que sea necesario (Génesis 37:34, 35; Job 10:1).
Por otro lado, aunque podemos asistirle con los trámites del funeral, eso no significa que debamos tomar todas y cada una de las decisiones. El siguiente comentario de Paul, un viudo de 49 años, aclara por qué: “Algo que agradezco mucho a quienes se ofrecieron a ayudarme con el funeral de mi esposa es que me dejaron decidir lo que se haría. Para mí era importante encargarme personalmente de que todo saliera bien. Sería mi último tributo a su memoria”.
En cualquier caso, siempre habrá algo en lo que podamos ayudar. Eileen, de 68 años, cuenta agradecida: “Mi cabeza no estaba para atender todo el papeleo ni para organizar el funeral. Menos mal que mi hijo y mi nuera estaban ahí”.
Hay que recordar, además, que no existe razón para dejar de mencionar al difunto. Beryl dice: “Aunque mis amigos siempre estuvieron a mi lado, noté que algunos procuraban no hablar de mi esposo. Se comportaban como si John nunca hubiera existido. La verdad es que eso me dolía un poco”. Tarde o temprano, muchos viudos quieren hablar sobre su cónyuge. ¿Qué hacer entonces? Bueno, si recordamos con cariño alguna anécdota relacionada con el fallecido o algo que hizo por nosotros, no tengamos miedo de contarlo. Y si nos parece que servirá de consuelo, podemos hablar de sus buenas cualidades o explicar por qué lo añoramos tanto. Así la persona sentirá que no es la única a la que le duele haberlo perdido (Romanos 12:15).
Por otra parte, no es bueno abrumar a los viudos con toda clase de consejos ni presionarlos para que tomen cuanto antes ciertas decisiones.* En vez de eso, busquemos formas prácticas de ayudarlos a superar estos momentos tan difíciles de su vida.
Los buenos amigos siguen prestando ayuda sin importar cuánto tiempo pase Qué hacer Durante los primeros días conviene estar atento a las necesidades particulares de la persona. ¿Hace falta que alguien le haga compañía, le prepare una comida o dé alojamiento a familiares que hayan venido de lejos? En tal caso, ¿por qué no tomar la iniciativa?
A lo largo de todo el proceso, también hay que esforzarse por comprender sus sentimientos. Por ejemplo, el hombre y la mujer se enfrentan de forma muy distinta al dolor y a la soledad. En algunas culturas, más de la mitad de los hombres que enviudan se casan de nuevo en menos de dieciocho meses, algo que raramente ocurre entre las mujeres. ¿A qué se debe esta diferencia?
Aunque mucha gente piensa que los hombres vuelven a casarse solo para satisfacer sus necesidades físicas o sexuales, eso no es necesariamente así. Lo que sucede es que, como el hombre tiende a apoyarse emocionalmente solo en su pareja, al perderla puede verse sumido en una soledad muy difícil de soportar. La mujer, por el contrario, suele ser capaz de encontrar apoyo emocional en otras personas, incluso cuando su círculo de amistades se vea reducido tras la muerte de su marido. Todo esto explica, hasta cierto punto, por qué muchos hombres consideran que el único remedio para su soledad es iniciar una nueva relación, aun a pesar del riesgo de precipitarse. En efecto, es probable que las mujeres estén más preparadas para vivir solas.
Ahora bien, independientemente de que el viudo sea hombre o mujer, ¿cómo podemos hacerle más llevadera su situación? Helen, de 49 años, señala: “Muchos tienen buena intención y dicen: ‘Si necesitas algo, avísame’. Pero lo que más se agradece es cuando vienen y te dicen: ‘Me voy de compras, ¿quieres venir?’”. Paul, cuya esposa falleció de cáncer, explica por qué apreciaba las invitaciones de sus amigos. “Hay días en que uno no tiene ganas de estar con gente ni de andar contando sus problemas —reconoce—. Pero después de pasar la tarde con buenos amigos, ves las cosas de otra manera. Te das cuenta de que hay gente a la que le importas, y eso reconforta. Ya no te sientes tan solo.”#
No hay que olvidarse de invitarlos a salir
Cuando más necesitan nuestro apoyo Con el tiempo, la mayoría de los familiares regresan a su vida normal; es entonces cuando más apoyo emocional suele necesitar la persona que ha enviudado. Helen lo explica así: “Al principio, la familia y los amigos se vuelcan contigo, pero luego tienen que volver a su rutina. Sin embargo, tú no puedes; tu vida ya no es igual”. Teniendo esto presente, los buenos amigos siguen prestando ayuda a la persona viuda sin importar cuánto tiempo pase.
A muchos viudos les hará falta que les hagan compañía en ciertas fechas en especial, como el aniversario de su boda o el día en que murió su cónyuge. Eileen, citada anteriormente, cuenta lo que hace su hijo para evitar que se sienta sola en su aniversario de bodas: “Todos los años, Kevin me lleva a almorzar y a pasar el día juntos. Es un momento que compartimos los dos, madre e hijo”. Una buena idea sería anotar fechas como esta y hacer planes para que la persona no pase sola esos difíciles días (Proverbios 17:17).
Esté pendiente de las fechas en que más apoyo necesitan
En ocasiones, quienes han perdido a su cónyuge pueden brindar mucho consuelo a los que están en la misma situación. Annie, que enviudó hace ocho años, explica cuánto le benefició su amistad con otra viuda: “Sus ganas de vivir me impresionaron y me dieron fuerzas para seguir adelante”.
En realidad, son muchas las personas viudas que, tras superar las primeras etapas del duelo, se convierten en una fuente de inspiración para los demás. Por ejemplo, la Biblia habla de dos viudas que se apoyaron la una a la otra: una joven llamada Rut y su suegra, Noemí. Cuando leemos su historia, no podemos dejar de conmovernos al ver cómo se ayudaron mutuamente a superar el dolor y a enfrentarse a su dura realidad (Rut 1:15-17; 3:1; 4:14, 15).
Tiempo de sanar Para volver a tomar las riendas de su vida, la persona debe aprender a vivir el presente sin por ello sentirse obligada a olvidar su pasado. Como sabiamente indicó el rey Salomón, existe un “tiempo de llorar”, pero también un “tiempo de sanar” (Eclesiastés 3:3, 4).
Paul explica con un ejemplo por qué cuesta tanto mirar hacia delante: “Mi esposa y yo éramos como dos árboles que crecieron entrelazados desde jóvenes. Cuando uno murió y fue talado, el otro quedó como si estuviera deformado. Así me sentía yo: raro, como si faltara una parte de mí”. Algunos, por lealtad a su ser querido, se resisten a pasar la página. Otros se niegan a salir o a conocer gente, pues cualquier diversión los hace sentir culpables. ¿Cómo podemos ayudarlos con tacto para que sane su herida y recuperen la alegría de vivir?
Un primer paso sería animar a la persona a dejar salir lo que siente. Herbert, viudo desde hace seis años, dice: “Recuerdo con aprecio los momentos en que mis amigos se sentaban y me escuchaban mientras hablaba del pasado o comentaba lo que me rondaba la cabeza. Seguro que no siempre fui una compañía muy agradable, pero agradezco que trataran de entenderme”. Lo que a Paul le llegó más hondo fue el sincero interés de un amigo de cierta edad que a menudo le preguntaba cómo se sentía. “El cariño con que me trataba —relata— me impulsó a desahogarme con él en muchas ocasiones.” (Proverbios 18:24.)
Para adaptarse a su nueva situación, es bueno que la persona exprese los sentimientos negativos que tenga, como remordimiento, ira o culpabilidad. Ese fue el caso del rey David. Cuando su pequeño hijo murió, lo que le dio fuerzas para ‘levantarse’ y aceptar la triste realidad fue abrirle el corazón al mejor de los confidentes, Jehová Dios (2 Samuel 12:19-23).
Inclúyalos en sus actividades diarias y sociales
Por muy difícil que le resulte al principio, es necesario que la persona vuelva poco a poco a tener una rutina. Para contribuir a ello, quizás podamos incluirla en algunas de nuestras actividades. ¿Sería posible invitarla cuando vayamos de compras o a dar un paseo? Y ¿por qué no pedirle ayuda para realizar alguna tarea? Así evitaremos que se aísle. Por ejemplo, según el caso, podemos proponerle que nos ayude a cuidar de los niños, que nos enseñe alguna de sus recetas o que nos dé una mano con una reparación casera. De este modo, aparte de mantenerse activa, la persona seguirá sintiéndose útil.
A medida que se relacione de nuevo con los demás, es probable que vaya recuperando la ilusión por la vida. Tal vez hasta empiece a trazarse nuevas metas. Ese fue el caso de una viuda llamada Yonette, de 44 años, quien cuenta: “Me costó un triunfo volver a la normalidad. Atender las tareas del hogar, administrar el dinero y cuidar de mis tres hijos me resultaba muy difícil”. Con paciencia, Yonette ha conseguido organizarse y mejorar la comunicación con sus hijos. Y también ha aprendido a aceptar la ayuda de sus amistades.
¿Debería deshacerse de todo? Helen, quien enviudó hace solo unos años, explica: “Decidí guardar muchas cosas de mi esposo. Siento que, a medida que pasa el tiempo, me traen más y más gratos recuerdos. Además, no quería arrepentirme después por haberme desprendido de algo demasiado rápido”.
Por el contrario, Claude, quien perdió a su esposa hace más de cinco años, asegura: “Personalmente, no me hace falta conservar sus pertenencias para mantener vivo su recuerdo. A decir verdad, no tenerlas a mi alrededor me ha permitido asimilar la pérdida y sobreponerme a ella”.
Como puede verse, cada individuo puede tomar una decisión muy diferente respecto a las posesiones de su difunto cónyuge. Por tanto, es importante que los amigos y familiares no traten de imponerle sus opiniones (Gálatas 6:2, 5). “La vida sigue siendo bella” Si los amigos y familiares quieren que su apoyo sea realmente útil, deben ser realistas y tener presente que la persona experimentará altibajos emocionales durante meses, o incluso años. Sin duda, esa profunda herida —que la Biblia llama “la plaga de su [...] corazón”— puede tardar mucho en curarse (1 Reyes 8:38, 39).
Y es durante los períodos de depresión cuando más necesitan que se les dé un pequeño empujoncito, para evitar que se cieguen a la realidad y se encierren en sí mismos. En muchos casos, ese apoyo ha sido la clave para darles un nuevo impulso a sus vidas. Así lo atestigua Claude, un viudo de 60 años que actualmente es evangelizador de tiempo completo en África. Él afirma: “Aunque perder a mi esposa fue un golpe durísimo, para mí la vida sigue siendo bella”.
Es cierto que, cuando perdemos a un ser tan amado, la vida no vuelve a ser la misma. Con todo, son muchas las cosas que aún podemos hacer por los demás y que pueden devolvernos la alegría de vivir .
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El Tiempo Es Oro.
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Mar 19, 2012 9:15 pm
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Aprovéchelo ahora o piérdalo para siempre
El tiempo es como un río rápido que puede aprovecharse con fines útiles EL TIEMPO es oro, dice un popular refrán. Pero lo cierto es que el tiempo es muy diferente del oro o de cualquier otro bien material. Por más que lo intentemos, no es posible guardarlo para más adelante, como sí ocurre con el dinero, la comida, el combustible u otros artículos. Por ejemplo, si de las veinticuatro horas del día dormimos ocho y no hacemos nada más en las restantes, ¿qué pasará? Que al final las horas que no usemos se habrán esfumado para siempre.
El tiempo es como un río rápido y caudaloso, que fluye siempre en una sola dirección y que no podemos detener ni utilizar hasta la última gota. Hace siglos, los hombres empezaron a construir ruedas hidráulicas en las riberas para aprovechar la energía generada por las corrientes de agua y accionar molinos, sierras, bombas y martillos. Del mismo modo, aunque no tenemos la capacidad de retener el tiempo, sí podemos emplearlo con fines útiles. No obstante, hay dos grandes ladrones de tiempo contra los que tenemos que luchar: la costumbre de esperar siempre al último momento y la manía de llenarlo todo de cosas innecesarias. Examinemos el primero de estos ladrones.
No esperemos al último momento Otro conocido refrán dice: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Sin embargo, hay quienes prefieren hacer su propia versión: No dejes para mañana lo que puedas dejar para pasado mañana. Ante una tarea difícil, optan por aplazarla, que es el camino más fácil. Tales personas caen en el vicio de posponerlo todo. Esa es su válvula de escape cuando se sienten muy agobiadas. Así disfrutan del “tiempo libre” que acaban de adquirir, hasta que vuelven a estar con el agua al cuello.
Es cierto que a veces tenemos que retrasar algunas o incluso todas las tareas a causa de nuestro estado físico o emocional. Además, ¿quién no necesita escapar de la rutina diaria de vez en cuando? Ni siquiera Jesús, el Hijo de Dios, fue la excepción. Aunque se mantuvo muy ocupado en su ministerio, sacó tiempo para él y sus discípulos (Marcos 6:31, 32). Pero una cosa es tomarse un respiro, lo cual ofrece claros beneficios, y otra muy distinta es la dejadez, que casi siempre resulta perjudicial. Pongamos un ejemplo.
Una adolescente se siente agobiada porque dentro de tres semanas tiene un examen de matemáticas y ha de repasar muchos apuntes y libros. Sin embargo, cae en la trampa de ir postergando el estudio, y se dedica a ver la televisión. Cuando llega la víspera del examen, tiene ante sí una montaña de papeles. Sentada en su escritorio, empieza a prepararse.
Van pasando las horas. Mientras la familia duerme, ella se somete a un auténtico maratón de ecuaciones, raíces cuadradas y problemas de trigonometría. Al día siguiente, en el colegio, está tan cansada que por más que se estruja el cerebro es incapaz de dar con las respuestas. Como saca una mala nota y suspende la asignatura, tiene que volver a estudiar, y quizás no pase al siguiente grado.
¡Qué caro le salió dejarlo todo para lo último! Hay un principio bíblico que nos ayudará a evitar ese error. El apóstol Pablo escribió: “Vigilen cuidadosamente que su manera de andar no sea como imprudentes, sino como sabios, comprándose todo el tiempo oportuno” (Efesios 5:15, 16). Aunque con estas palabras el apóstol estaba aconsejando a los cristianos que emplearan bien el tiempo al desarrollar sus actividades espirituales, el principio es aplicable a otros campos importantes de la vida. Ya que normalmente podemos decidir cuándo realizar una tarea, la haremos mejor y más rápido si la empezamos en el momento oportuno. Así demostraremos, como indica el texto, que somos personas sabias.
En el caso de la estudiante, ¿cuándo hubiera sido “el tiempo oportuno” para prepararse para el examen? Quizás le hubiera bastado con dedicar un cuarto de hora todas las noches a hacer un repaso progresivo. Así no habría tenido que matarse estudiando la noche antes ni privarse del sueño necesario. Entonces, el día del examen habría estado descansada y lista para sacar una buena nota.
¿Cuándo es “el tiempo oportuno” para prepararse para el examen? Por eso, cuando nos encomienden hacer algo, determinemos cuál es “el tiempo oportuno” y pongamos manos a la obra. De ese modo, no solo sentiremos la satisfacción del trabajo bien hecho, sino que nos ahorraremos los problemas que ocasiona esperar siempre al último momento. Sobre todo, es importante evitar esta trampa cuando podemos afectar a terceras personas, como ocurre con las tareas que se nos asignan en la congregación.
Deshagámonos de lo innecesario Como ya dijimos, el segundo ladrón de tiempo es la manía de llenarlo todo de cosas innecesarias. Es bien sabido que hace falta tiempo para organizar, utilizar, limpiar, guardar y cuidar las pertenencias. Cuantas más tenemos, más tiempo nos consumen. En efecto, da más trabajo atender una habitación o una casa si está atestada que si está despejada. Por otro lado, al ir aumentando el número de objetos, es más difícil encontrar lo que se busca.
Según los expertos en economía doméstica, casi la mitad de las horas que la gente invierte en limpiar la casa se desperdician “moviendo objetos y cachivaches y volviéndolos a colocar, esquivándolos y apartándolos”. Algo parecido puede suceder en otros ámbitos de la vida. Por eso, si queremos aprovechar bien el tiempo, examinemos los objetos que tenemos a nuestro alrededor. ¿Son tantos que apenas podemos movernos y, lo que es peor, nos hacen perder tiempo? De ser así, deshagámonos de algunos.
No es fácil prescindir de artículos con los que estamos encariñados pero que en realidad no necesitamos. Pudiera ser casi tan doloroso como perder un buen amigo. Entonces, ¿cómo decidir con qué quedarse y con qué no? Una sugerencia sería deshacerse de todas las cosas que no hayamos utilizado en un año. Si pasado ese plazo no acabamos de decidirnos, guardémoslas seis meses más. Luego volvamos a sacarlas: cuando nos demos cuenta de que no las hemos usado durante todos esos meses, nos será más fácil desprendernos de ellas. En todo caso, lo que importa es reducir la acumulación de objetos y emplear mejor el tiempo.
Pero no son los objetos que se acumulan en la casa o en el trabajo lo único que puede convertirse en un estorbo. Jesús dijo que “la inquietud de este sistema de cosas y el poder engañoso de las riquezas ahogan la palabra [de Dios]” y llevan a que uno se vuelva “infructífero” en lo referente a las buenas nuevas (Mateo 13:22). Algunas personas se cargan de tantas ocupaciones que a duras penas encuentran tiempo para lo más importante: una vida espiritual equilibrada. Como consecuencia, su espiritualidad se resiente y corren el riesgo de no entrar en el nuevo mundo que Dios ha prometido, un mundo donde tendremos toda una eternidad para dedicarla a actividades que nos colmarán de satisfacción (Isaías 65:17-24; 2 Pedro 3:13).
¿Qué puede decirse de usted? ¿Anda siempre haciendo malabarismos para cumplir con todo lo que se ha propuesto? Pudiera tratarse del trabajo, la casa, el automóvil, los pasatiempos, los viajes, el ejercicio físico, la vida social y un sinnúmero de intereses. En ese caso, le convendría pensar en cómo descargar su vida para atender mejor sus deberes espirituales.
Como bien reza otro dicho: El tiempo y la marea ni se paran ni esperan. En efecto, el tiempo avanza imparable, como una corriente continua de agua. No se puede invertir su marcha ni se puede guardar. Cuando se va, no vuelve. Pero si aplicamos algunos principios bíblicos elementales y ciertas medidas prácticas, lo aprovecharemos bien. Así lograremos atender “las cosas más importantes”, lo que redundará en beneficios eternos para nosotros y en “la gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:10, 11).
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Importa La Religion Que Uno Escoja?
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Jan 22, 2012 7:32 am
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¿Importa la religión que uno escoja?
¿A QUIÉN no le gusta encontrar una amplia selección de artículos cuando va de compras? Si en el mercado hay gran variedad de frutas y verduras, podemos escoger las que más nos gusten y que a la vez sean buenas para nuestra familia. Si una tienda de ropa ofrece prendas de muchos estilos y colores a un precio razonable, podemos elegir la que mejor nos quede. Algunas de las decisiones que tomamos en la vida son solo cuestiones de gusto personal. Pero hay otras decisiones, como elegir una dieta sana o buenas amistades, que repercuten en nuestro bienestar. Y ¿qué puede decirse de la religión? ¿Deberíamos verla simplemente como una cuestión de gusto, o consideramos que es una cuestión importante que influye en nuestra vida?
Existe una gran variedad de religiones para escoger. Como ahora hay muchos países que garantizan la libertad de religión, la gente se siente cada vez menos comprometida a permanecer en la religión de sus padres. Una encuesta llevada a cabo en Estados Unidos reveló que el 80% de los ciudadanos “opinan que hay más de un camino para llegar a la salvación”. Además, “1 de cada 5 encuestados dijo haber cambiado de religión durante su vida adulta”. En un sondeo efectuado en Brasil se descubrió que casi una cuarta parte de los brasileños han cambiado de religión.
Años atrás la gente debatía con pasión las doctrinas que diferenciaban una religión de otra, pero hoy día, la mayoría opina que no importa la religión que uno escoja. ¿Tienen razón? ¿Puede influir en nosotros la elección que hagamos en materia de religión?
Tal como un buen comprador hace preguntas sobre el origen de los productos que le ofrecen, uno también hace bien en preguntarse: “¿De dónde salieron todas estas religiones, y por qué hay tantas?”. La Biblia lo explica.
¿De dónde salen tantas religiones? Casi mil años antes de que Jesús viniera a la Tierra, la nación de Israel se dividió en dos: el reino sureño de Judá —compuesto de dos tribus— y el reino norteño de Israel —compuesto de diez tribus que se habían independizado—. Jeroboán, el primer rey del reino norteño de Israel, trató de acaparar la lealtad del pueblo iniciando una nueva religión. “El rey tomó consejo e hizo dos becerros de oro y dijo al pueblo: ‘Es demasiado para ustedes el que suban a Jerusalén. Aquí está tu Dios, oh Israel’.” (1 Reyes 12:28.) La religión que él creó por interés político ya no requería que la gente viajara a Jerusalén —la capital del reino de Judá— para adorar a Dios. Aquella religión duró siglos y llevó a la perdición a millones de personas cuando Dios finalmente le pidió cuentas al Israel apóstata. La religión que inició Jeroboán era en definitiva una maniobra política. Algunas religiones estatales que han llegado hasta nuestros días también comenzaron siendo maniobras para consolidar el poder político.
Muchas religiones surgieron por el deseo de conseguir poder político, prestigio y aceptación popular en lugar de por el deseo de agradar a Dios
El apóstol Pablo reveló otro motivo por el que algunas personas empiezan una nueva religión: “Yo sé que después de mi partida entrarán entre ustedes lobos opresivos y no tratarán al rebaño con ternura, y de entre ustedes mismos se levantarán varones y hablarán cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí” (Hechos 20:29, 30). Los movimientos religiosos suelen iniciarlos individuos orgullosos que solo desean hacerse notar. Por ejemplo, las iglesias que falsamente afirman ser cristianas se han ido fragmentando debido a numerosas disensiones internas.
¿A quién desean agradar las religiones? Hay quienes comienzan una nueva religión para satisfacer la demanda popular. Por ejemplo, la revista The Economist publicó un artículo sobre las llamadas megaiglesias de Estados Unidos. Indicó que están aumentando porque “se basan en el mismo principio que todos los negocios que triunfan: el de que hay que complacer al cliente”. Algunas ofrecen “animados servicios religiosos con videos, representaciones teatrales y música moderna”. Ciertos líderes de dichas iglesias dicen que enseñan a sus feligreses a “ser ricos, estar sanos y vivir sin preocupaciones”. La citada revista comenta también que si bien se critica a las megaiglesias por estar en la industria del entretenimiento o en “el mercado de la autoayuda”, en realidad solo están “satisfaciendo la demanda”. El artículo concluye diciendo: “La fusión del comercio y la religión ha sido un tremendo éxito”.
Aunque puede que otras religiones no sean tan abiertamente comerciales, todas aquellas que están “satisfaciendo la demanda” nos recuerdan la siguiente advertencia del apóstol Pablo: “Habrá un período en que no soportarán la enseñanza saludable, sino que, de acuerdo con sus propios deseos, acumularán para sí mismos maestros para que les regalen los oídos; y apartarán sus oídos de la verdad, puesto que serán desviados a cuentos falsos” (2 Timoteo 4:3, 4).
Dado que muchas religiones surgieron por el deseo de conseguir poder político, prestigio y aceptación popular en lugar de por el deseo de agradar a Dios, no es de extrañar que estén involucradas en actos tan viles como el abuso de menores, el fraude, la guerra o el terrorismo. Lamentablemente, esas religiones son una farsa. ¿Cómo evitar quese nos engañe?
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Como Encontrar La Religion Verdadera. ( capitulo3 )
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Jan 21, 2012 9:21 pm
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CÓMO ENCONTRAR LA RELIGIÓN VERDADERA
“Si existe una verdad procedente de Dios, ¿por qué tenemos que buscarla? —quizás pregunte alguien—. Si Dios tuviera un mensaje importante para toda la humanidad, ¿no lo transmitiría claramente para que lo entendiéramos de inmediato, sin necesidad de investigación?”
SEGURAMENTE que Dios podría comunicar la verdad de ese modo. La pregunta es si ha optado por hacerlo así.
Cómo transmite Dios la verdad En realidad, Dios transmite sus mensajes de tal manera que los buscadores sinceros de la verdad puedan descubrirlos (Salmo 14:2). He aquí un ejemplo. Siglos atrás, Dios envió mediante su profeta Jeremías un mensaje a su pueblo rebelde, en el que anunciaba la inminente destrucción de Jerusalén por los babilonios (Jeremías 25:8-11; 52:12-14).
Por aquel entonces aparecieron otros profetas que también afirmaban hablar en nombre de Dios. Uno de ellos, Hananías, anunció paz para Jerusalén, una predicción muy diferente de la de Jeremías. ¿A quién deberían prestar atención los judíos: a Jeremías, o a quienes lo contradecían? (Jeremías 23:16, 17; 28:1, 2, 10-17.)
¿Cómo podían saber los judíos si Jeremías era un profeta auténtico, puesto que otros profetas lo contradecían?
Para saber quién decía la verdad, los judíos sinceros tenían que conocer a Jehová como persona; tenían que entender sus leyes y principios, y lo que él pensaba de la maldad. Entonces habrían concordado con las palabras que Dios expresó mediante Jeremías de que “no había hombre alguno que se arrepintiera de su maldad” (Jeremías 8:5-7). Además, se habrían dado cuenta de que esta triste situación no auguraba nada bueno para Jerusalén y sus habitantes (Deuteronomio 28:15-68; Jeremías 52:4-14).
Las profecías de Jeremías sobre Jerusalén se hicieron realidad. La ciudad fue arrasada por los babilonios en el 607 antes de nuestra era.
Aunque los efectos de la desobediencia se habían predicho con mucha anticipación, el pueblo tenía que hacer su parte a fin de entender que había llegado el tiempo señalado por Dios para ejecutar su juicio.
Cómo reconocer la verdad cristiana ¿Reconocieron los israelitas que la verdad que predicó Jesucristo provenía de Dios? No. Pese a que oyeron el mensaje de Jesús y presenciaron sus milagros, la mayoría no captó que él era el predicho Mesías, el Cristo o Ungido.
A los fariseos que le preguntaron cuándo vendría el Reino de Dios, Jesús respondió: “El reino de Dios no viene de modo que sea llamativamente observable”. Y añadió: “El reino de Dios está en medio de ustedes” (Lucas 17:20, 21). En efecto, él, el Rey nombrado por Dios, se hallaba allí mismo en medio de ellos. Con todo y eso, aquellos fariseos no quisieron abrir los ojos a las pruebas de que las profecías mesiánicas se cumplían en Jesús y no lo aceptaron como “el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mateo 16:16).
Una reacción similar produjo la verdad que predicaron los cristianos del siglo primero. Aunque los milagros que realizaron demostraban que tenían el apoyo divino, la mayoría de la gente siguió sin percibir la verdad (Hechos 8:1-8; 9:32-41). Jesús mandó a sus seguidores que ‘hicieran discípulos’ enseñando a sus oyentes. Como resultado de escuchar y aprender las verdades de las Escrituras, los buscadores sinceros de la verdad creerían (Mateo 28:19; Hechos 5:42; 17:2-4, 32-34).
Hoy día ocurre lo mismo. Las “buenas nuevas del reino” se están predicando “en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14). Esta obra no se efectúa necesariamente “de modo que sea llamativamente observable”, es decir, de forma tan obvia que todos los habitantes del planeta reconozcan que es un mensaje de Dios. Aun así, la verdad divina es reconocible y toca la fibra íntima de las personas rectas que desean adorar a Dios como él manda (Juan 10:4, 27).
El hecho de que usted esté leyendo una revista bíblica indica que es muy probable que esté buscando sinceramente la verdad. ¿Cómo saber qué religión la enseña?
Un método eficaz El apóstol Pablo alabó a algunos residentes de Berea por su reacción al mensaje que les predicó. No lo aceptaron como la verdad en el acto, pero escucharon con respeto e hicieron algo de lo que podemos extraer una lección.
Dice la Biblia: “Ahora bien, [los bereanos] eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así. Por lo tanto, muchos de ellos se hicieron creyentes” (Hechos 17:10-12). No se limitaron a realizar una búsqueda superficial; no esperaban obtener resultados concluyentes tras una o dos conversaciones breves con Pablo.
Observemos asimismo que los bereanos “recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo”. Esto revela algo sobre la actitud con que abordaron el estudio de las Escrituras. No fueron crédulos, pero tampoco escépticos. No se mostraron críticos con las cosas que les enseñó Pablo, quien era uno de los representantes de Dios.
Y hay algo más: aquel era el primer contacto de los bereanos con el cristianismo. Lo que oían parecía bueno, tal vez demasiado bueno para ser cierto; pero en lugar de descartarlo, escudriñaron las Escrituras para ver si ‘era así como Pablo decía’. Además, notemos que los judíos —tanto de Berea como de Tesalónica— que llevaron a cabo una búsqueda minuciosa abrazaron la fe (Hechos 17:4, 12). No se dieron por vencidos pensando que era imposible encontrar la verdad. Reconocieron la religión verdadera.
El efecto de la verdad en la gente Cuando una persona encuentra la verdad, como los bereanos, se siente motivada a divulgarla con fervor. Es posible que otros desaprueben lo que hace y digan que es más humilde creer que otras religiones pueden estar igualmente en lo correcto. Sin embargo, la verdad bíblica infunde convicción en quien la halla y no deja lugar a dudas en cuanto a si la verdad es alcanzable o si todas las religiones son caminos de salvación. No obstante, para hallar la verdad, primero hay que hacer un estudio minucioso, y eso sí exige humildad.
Los testigos de Jehová hemos efectuado tal estudio, y por eso creemos que hemos encontrado la verdadera religión. Lo invitamos cordialmente a que examine las Escrituras y compruebe usted mismo quiénes practican la religión verdadera. Aunque no es exhaustiva, la información sobre los primeros cristianos que aparece en el recuadro de abajo puede serle útil para comenzar.
Si acepta un estudio bíblico gratuito con los testigos de Jehová en la comodidad de su hogar, podrá investigar a fondo qué enseña realmente la Biblia. Así adquirirá los conocimientos necesarios para identificar la religión verdadera.
Características de la religión verdadera Prácticas y enseñanzas de los cristianos del siglo primero
Buscaban la guía de la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21). Enseñaban que Jesús era el Hijo de Dios, que era distinto de Dios y estaba sujeto a Él (1 Corintios 11:3; 1 Pedro 1:3). Enseñaban la resurrección de los muertos (Hechos 24:15). Eran conocidos por el amor que reinaba entre ellos (Juan 13:34, 35). No adoraban a Dios de forma individual, sino que estaban organizados en congregaciones y unidos bajo superintendentes y una junta central de ancianos que tenían a Jesús como Cabeza (Hechos 14:21-23; 15:1-31; Efesios 1:22; 1 Timoteo 3:1-13). Predicaban con ardor que el Reino de Dios era la única esperanza para la humanidad (Mateo 24:14; 28:19, 20; Los bereanos escucharon a Pablo y luego se cercioraron de que lo que decía era cierto
Un estudio minucioso de la Biblia le permitirá encontrar la religión verdadera
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Como Encontrar La Religion Verdadera. ( capitulo. 2 )
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Jan 21, 2012 7:51 am
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¿QUIÉN DETERMINA CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?
JESÚS dejó claro que hay religiones que no cuentan con la aprobación de Dios. Habló de “falsos profetas” y los comparó a un árbol que produce malos frutos y es “cortado y echado al fuego”. También afirmó: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos” (Mateo 7:15-22).
Y refiriéndose a algunos que se declararían seguidores suyos, dijo: “Les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obradores del desafuero” (Mateo 7:23). Además, al hablar a los líderes religiosos de su época, les aplicó las palabras que Dios dirigió a los israelitas apóstatas: “En vano me siguen adorando, porque enseñan como doctrinas mandatos de hombres” (Marcos 7:6, 7).
¿Qué le sucederá a la religión que produzca malos frutos?
Evidentemente, no todas las religiones gozan de la aceptación de Dios o de su Hijo. En otras palabras, no todas son verdaderas. ¿Quiere decir eso que solo una enseña la verdad? ¿No puede Dios obrar a través de varias de ellas y rechazar ciertas otras? ¿O no puede aceptar o rechazar la adoración que le rinden individuos de diferentes confesiones, sea lo que sea que estas enseñen?
El apóstol Pablo escribió bajo inspiración divina: “Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar” (1 Corintios 1:10). Asimismo, la Biblia insta a los cristianos a ser “de la misma mente y tener el mismo amor, estando unidos en alma, teniendo presente el mismo pensamiento” (Filipenses 2:2).
Cuando tal unidad existe, el resultado natural es una sola religión. No en balde la Biblia dice que solo hay “un Señor, una fe, un bautismo” (Efesios 4:4, 5).
Lo que revela la Biblia Que la anterior conclusión se apoya firmemente en las Escrituras lo prueban otros pasajes. Al examinarlos, aprendemos que Dios estableció un sistema de adoración para su pueblo. En las primeras etapas de la historia humana utilizó patriarcas, o jefes de familia, como sus representantes. Algunos patriarcas de renombre fueron Noé, Abrán (Abrahán), Isaac y Jacob (Génesis 8:18-20; 12:1-3; 26:1-4; 28:10-15).
Los descendientes de Jacob terminaron esclavizados en Egipto, donde a pesar de la cruel opresión a la que fueron sometidos, se multiplicaron hasta sumar varios millones. Dios los liberó de la servidumbre, los condujo milagrosamente a través del mar Rojo y los adoptó como pueblo, dándoles leyes por medio de Moisés. Así nació el pueblo de Israel, el pueblo de Dios (Éxodo 14:21-28; 19:1-6; 20:1-17).
Hay que resaltar que Dios no aprobaba los ritos religiosos de las naciones vecinas de Israel. Es más, castigó a su pueblo cuando este se desvió de Sus leyes y adoptó tales ritos (Levítico 18:21-30; Deuteronomio 18:9-12).
¿Qué tenían que hacer los forasteros que quisieran adorar al verdadero Dios? Tenían que romper con su religión falsa y adorar a Jehová junto a Israel. Muchos lograron la aprobación de Dios y fueron sus siervos leales. Entre ellos hubo mujeres, como Rahab la cananea y Rut la moabita; hombres, como Urías el hitita y el etíope Ébed-mélec, y grupos, como los gabaonitas. Salomón, rey de Israel, elevó una sincera plegaria a favor de todos los que, como estos extranjeros, se unieran al pueblo de Dios para practicar la adoración verdadera (2 Crónicas 6:32, 33).*
Después de que Jesús vino a la Tierra Cuando Jesús fue enviado a la Tierra, la religión verdadera se cimentó en sus enseñanzas y los propósitos de Dios se hicieron muchísimo más claros. Con el tiempo, los verdaderos adoradores de Dios fueron llamados “cristianos” (Hechos 11:26). Por consiguiente, los judíos que quisieran obtener la aprobación divina debían abandonar su religión. No tenían dos sistemas religiosos de entre los cuales elegir ni podían rendir culto de forma individual. Como ya vimos en la Palabra de Dios, los verdaderos adoradores estaban unidos en “una fe” (Efesios 4:4, 5).
Hoy día, la idea de que Dios trate con la humanidad mediante una única religión pudiera parecer extrema y difícil de digerir; no obstante, esa es la conclusión a la que apunta la Biblia. Así lo entendieron muchas personas que antes adoraban a Dios a su manera y que luego se sumaron a los auténticos adoradores de Jehová. Cualquier recelo que hubieran albergado al principio fue sustituido por una inmensa alegría y grandes bendiciones. Por ejemplo, la Biblia cuenta de un etíope que tras abrazar el cristianismo y bautizarse, “siguió su camino regocijándose” (Hechos 8:39).
Todo aquel que hoy acepte y practique la religión verdadera recibirá bendiciones similares. Ahora bien, de las tantas religiones que hay para escoger, ¿cómo saber cuál es la única verdadera?
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* Encontrará los relatos de estos extranjeros en Josué 2:1-7; 6:22-25; Rut 1:4, 14-17; 2 Samuel 11:3-11; y Josué 9:3-9, 16-21.
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Como Encontrar La Religion Verdadera. ( capitulo 1 )
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Jan 20, 2012 3:55 am
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¿HAY UNA SOLA RELIGIÓN VERDADERA?
La pregunta puede resultar ofensiva para algunos. Frente a la gran multitud de creencias que existe en el mundo, hay quienes piensan que solo una persona estrecha de miras o arrogante puede afirmar que tiene el monopolio de la verdad. Seguro que debe de haber algo bueno en toda religión, o al menos en la mayoría, quizás razonen. ¿Es usted de la misma opinión?
DESDE luego, hay situaciones en las que conviene dejar margen para la diversidad de opiniones. Por ejemplo, quizás alguien siga determinada dieta por considerarla muy útil. Pero ¿debería imponerla a los demás, como si se tratara del único régimen para estar saludable? Obviamente, sería una muestra de sensatez y modestia de su parte abrirse a la posibilidad de que existan dietas tan buenas como la suya, o incluso mejores, por lo menos para otras personas.
¿Sucede lo mismo con la religión? ¿Existen varias alternativas aceptables de entre las cuales elegir, dependiendo de la crianza que uno haya tenido y de su percepción de la vida? ¿O hay un solo cuerpo de doctrina verdadera que sea de aplicación universal? Analicemos lo que dice la Biblia. Primero veamos si la verdad es algo alcanzable, porque si no, ¿qué sentido tendría buscar una religión verdadera?
¿Es alcanzable la verdad religiosa? Poco antes de que lo mataran, Jesucristo dijo a su interrogador, Poncio Pilato: “Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. Muy seguramente con una dosis de escepticismo, el gobernador romano replicó: “¿Qué es la verdad?” Jesús, en cambio, nunca dudó de que hubiera una verdad, por lo que no tuvo reparos en hablar de ella. Escuche lo que declaró en cuatro diferentes ocasiones:
“Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad.” (Juan 18:37.)
“Yo soy el camino y la verdad y la vida.” (Juan 14:6.)
“Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad.” (Juan 4:23, 24.)
“Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará.” (Juan 8:31, 32.)
En vista de la convicción con que Jesús habló tanto de la verdad como de llegar a conocerla, ¿no deberíamos al menos contemplar la posibilidad de que exista una verdad religiosa y que podamos alcanzarla?
¿Existe la verdad absoluta? Sin duda, usted, querido lector, estará de acuerdo en que hay cosas de las que podemos estar absolutamente seguros, como son nuestra existencia y la de los objetos que nos rodean. Los árboles, las montañas, las nubes, el Sol, la Luna... en fin, el mundo físico, no son imaginaciones nuestras. Claro, no faltará quien intente convencernos con razonamientos filosóficos de que hasta la realidad de estas cosas es discutible; pero resultaría difícil aceptar una idea tan disparatada.
Luego están las leyes naturales, de las que también podemos estar totalmente seguros. Si uno salta al vacío, cae; si no come, siente hambre, y si pasa mucho tiempo sin comer, muere. No nos planteamos la posibilidad de que estas leyes sean válidas solo para algunos, pues son leyes universales por cuanto nos afectan a todos, sin excepción.
¿Qué relación hay entre las consecuencias de abrazar el fuego y las consecuencias de desobedecer las leyes divinas?
La Biblia alude a una de estas leyes al preguntar: “¿Puede un hombre recoger fuego en el seno sin que se le quemen las mismas prendas de vestir?”. Que la ropa arde en contacto con el fuego era una verdad universal cuando se escribieron estas palabras; no obstante, el proverbio hace referencia a algo mucho más importante, a saber, que “cualquiera que tenga relaciones [sexuales] con la esposa de su semejante” sufrirá lamentables consecuencias (Proverbios 6:27, 29).
¿Es esta una verdad absoluta? Algunos responderán negativamente y dirán que la moralidad es un asunto personal, que depende de la crianza, las creencias y las circunstancias de cada cual. Pues bien, examinemos algunas de las leyes morales de Dios contenidas en la Biblia y veamos si son o no verdades universales.
La Biblia condena el adulterio (1 Corintios 6:9, 10). Pese a ello, muchas personas rechazan este precepto como una verdad, y por eso son adúlteras. Sin embargo, en términos generales, las consecuencias no pueden ser más amargas: malas conciencias, divorcios y hondas cicatrices emocionales, entre otras.
Dios también desaprueba la borrachera (Proverbios 23:20; ¿Qué les sucede a los que acostumbran emborracharse? En muchos casos pierden el trabajo, la salud y la familia, que también sufre emocionalmente (Proverbios 23:29-35). Dichas consecuencias les sobrevienen incluso a los que no creen que la borrachera sea mala. ¿Le parece que la validez de estas leyes morales es relativa, que depende de las creencias o percepciones del individuo?
Por otro lado, están los preceptos morales positivos de la Biblia, como amar a la esposa, respetar al marido y hacer el bien al prójimo (Mateo 7:12; Efesios 5:33). Cuando los cumplimos, nos beneficiamos. ¿Diría usted que tales consejos son provechosos solo para unos cuantos, y no para todos?
Las consecuencias de observar o no las leyes morales de la Biblia son ineludibles, de donde se deduce que tales leyes no son simples ideas alternativas, sino verdades. Las pruebas demuestran que obedecerlas reporta beneficios, mientras que incumplirlas redunda en perjuicio.
Reflexione sobre este punto: si las leyes morales de la Biblia son aplicables a toda la humanidad, ¿no deberían serlo también sus pautas sobre la adoración, así como sus enseñanzas sobre lo que ocurre cuando morimos y la esperanza de un futuro eterno? Es lógico concluir que estas también son verdades universalmente válidas. Sus efectos alcanzan a todo el mundo, no solo a quienes creen en ellas.
Como hemos visto, es posible encontrar la verdad. Jesús dijo que la Palabra de Dios, la Biblia, es la verdad (Juan 17:17). Entonces, ¿a qué se debe que aún siga pareciendo inalcanzable? Se debe a que hay una multitud de religiones que afirman enseñar lo que dice la Biblia. ¿Cuál de todas enseña la verdad de la Palabra de Dios? ¿Tiene que ser una sola? ¿No pudieran diversas religiones poseer la verdad, o al menos partes de ella?
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