Dicen algunos que, a cierta edad, después de los cuarenta nos volvemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina, y que nos volvemos inexistentes para un mundo que solo cabe el ímpetu, De los años jóvenes. Yo no sé si me abre vuelto invisible para el mundo, es muy probable. Pero nunca como hoy fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfrute tanto de cada momento como ahora, ahora sé que no soy la princesa del cuento de hadas y que no necesito que me venga salvar un príncipe azul en su caballo blanco, porque no soy una princesa, ni tengo a un dragón que me este custodiando. Hoy me reconozco mujer, capaz de amar, sé que puedo dar sin pedir, pero también sé que no tengo que hacer ni dar nada Que no me haga sentir bien
|